Traducido de la serie
"Making Sense  Out of Bioethics"


La Sombra de Obama sobre las Células Madre

Abril 2009. El 9 de marzo de 2009 el Presidente Obama firmó una importante orden ejecutiva que incrementa considerablemente los fondos federales para la investigación con células madre embrionarias humanas, y cruzó una línea ética significativa y preocupante.  Esta decisión, y la retórica utilizada durante la firma,  alentaron a científicos e investigadores a entrar en el terreno pantanoso de tomar unas vidas humanas para beneficiar a otras.  Para sustentar su decisión, el Presidente Obama recurrió durante su discurso a invocar el nombre de Christopher Reeve y el de otros pacientes desesperados por encontrar curas a sus padecimientos.

La desesperación, sin embargo, rara vez favorece a una buena ética.

En una ocasión escuché una historia de la vida real que me conmovió.  Se trataba de un padre y sus dos jóvenes hijos. Ellos tenían un lugar en las afueras donde les gustaba nadar y que acostumbraban visitar durante el verano.  El padre nunca había aprendido a nadar pero los hijos sí, cuando eran más pequeños, y lo hacían más o menos bien.

El padre acostumbraba sentarse en la orilla mientras los muchachos nadaban en aquel lugar, que tenía una línea de boyas de color rojo brillante para indicar donde la profundidad aumentaba abruptamente.  Cada año el padre les decía a sus hijos que no cruzaran esa línea pues si lo hacían él no podría nadar para rescatarlos.  Los muchachos obedecían fielmente año tras año, pero un verano en particular decidieron desafiar la autoridad de su padre y se aventuraron a cruzar las boyas.

Cuando cruzaron la línea el padre los vio y les gritó que regresaran, pero ellos fingieron no escucharlo y siguieron nadando aun más lejos.  El papá se puso nervioso y empezó a entrar al agua, que se hacía más y más profunda, cuando de pronto cayó en el desnivel y empezó a hundirse.

A cierta distancia, los muchachos vieron a su papá que agitaba los brazos en el agua, luchando por respirar y mantener la cabeza fuera y golpeando el agua con sus manos.  Se dieron cuenta de que su padre se ahogaba y nadaron hacia él.  Cuando estaban ya cerca el papá les gritó que no se acercaran.  “¡Aléjense! ¡No me toquen!”, les gritaba. Atemorizados, los muchachos guardaron distancia, hasta que el papá dejó de luchar  y empezó a hundirse dejando burbujas.

Al perder el padre el conocimiento, los muchachos se acercaron y lo sujetaron lo mejor que pudieron, arrastrándolo a la orilla, donde empezó a arrojar el agua  y recuperar  la conciencia,  finalmente expulsando toda el agua.  Más tarde los hijos le preguntaron por qué les gritaba que se alejaran.  Les dijo que temía  que al ponerles la mano encima los hundiría junto con él.  Sabía que una persona desesperada se aferra a lo que sea, incluso hasta de sus propios hijos, con tal de salvarse, y él no quería hacer eso.

Nosotros también debemos preocuparnos de manera similar cuando en nuestra sociedad los científicos y pacientes desesperados están tentados a poner la mano encima de nuestros niños en embrión,  en un intento por aliviar el sufrimiento o salvarse a sí mismos.  Tristemente, la decisión del Presidente sobre las células madre alienta este tipo de comportamiento no ético al recurrir a una apelación emocional a la desesperación de los pacientes.   El error ético del Presidente se acentúa por el hecho de que existen alternativas científicas notables y sólidas, tales como la reprogramación celular, por una parte, o el uso de células madre de cordón umbilical de adulto por otra, ninguna de las cuales requiere ponerle la mano encima a un embrión humano.

La decisión del Presidente sobre las células madre también manifiesta un giro preocupante hacia una forma de opresión aún más pervasiva y sistémica en nuestra sociedad.  El presidente Obama les está ofreciendo a los estadounidenses la perspectiva de recurrir al potencial de la ciencia para oprimir, o más precisamente, suprimir a los integrantes más pequeños de la familia humana para servir a los intereses de los más grandes y más ricos.  Les está ofreciendo a los estadounidenses la perspectiva de reducir a nuestros congéneres a partes y componentes en la línea de ensamblaje del complejo industrial en el negocio de la medicina.

Sin embargo, muchos ciudadanos de Estados Unidos, parecen no estar muy enterados de las implicaciones de la decisión del Presidente.  El Juez de la Suprema Corte William O. Douglas comentó en una ocasión sobre cómo la opresión puede irse estableciendo entre nosotros sin que nos demos cuenta:  “Así como la noche no llega en un instante, la opresión tampoco llega así.  En ambos casos hay un momento de crepúsculo en el que todo parece seguir igual, y es en ese crepúsculo que debemos estar conscientes del cambio que se está dando para no terminar siendo víctimas de la obscuridad”.

Habrá quien opine que quizá ya nos cubrió la noche.  Pero tal vez todavía queden algunos momentos de crepúsculo en los cuales los estadounidenses pueden hacer retroceder la obscuridad moral que amenaza a nuestra sociedad y a nuestro futuro.

El Padre Tadeusz Pacholczyk hizo su doctorado en neurociencias en la Universidad de Yale y su trabajo post-doctoral en la Universidad de Harvard.  Es Sacerdote para la Diócesis de Fall River, Massachusetts, y se desempeña como Director de Educación en el Centro Nacional Católico de Bioética en Philadelphia. The National Catholic Bioethics Center:  www.ncbcenter.org   Traducción: María Elena Rodríguez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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